sábado, 1 de marzo de 2014

Celebración de la Rueda Anual de la Vida. Visión Ontoenergética. Ontoenergética de la Primavera 2014.


Celebración de la Rueda Anual de la Vida. Visión Ontoenergética.
Ontoenergética de la Primavera 2014.



Desde el punto de vista ontológico esta estación tiene importantes aspectos relacionados con la salud. Se aplica tanto a Ostara como a Beltane.
Rueda de Ontoenergética

         Desde la Rueda Medicinal la energía cósmica nos llega (radiación solar principalmente) y con ella la vida se expande. Y desde el punto de vista del individuo orgánico la cosa es diferente y se relaciona  con uno de los cinco caudales de vibraciones telúricas que se conducen en el organismo. Así tenemos que Primavera tiene que ver con:

         Desde la Rueda de medicina  con la Dirección Este, color rojo y elemento fuego.
        Desde el Caudal Vibracional con la dirección Este, color verde y aspecto Naturaleza.
          Y desde la manifestación en la naturaleza predomina el Agua. Se funden los hielos y nieves y las vivificantes lluvias primaverales riegan generosamente alentando el sentimiento y emoción de renacer a la vida.

         El primer aspecto tiene que ver con el acontecer estacional exterior; el segundo aspecto acontece en el interior del ser vivo. Así se supera la aparente oposición. El tercero con lo que predomina devolviendo la vida.
         La importancia de ello es  que en el campo de la enfermedad y la salud cualquier cambio positivo o negativo, primero acontece en el ámbito energético ligado a la consciencia y después se transmite al contexto orgánico. Primero hay una expansión o contracción energética y posteriormente aparece en el cuerpo somático conducido por el sistema vegetativo.


         En Primavera, desde este contexto, el ambiente exterior va evolucionando de poca energía lumínica y calorífica a un incremento a partir del equinoccio. Para el organismo se produce una adaptación de una situación contractiva a otra más expansiva. Como la Primavera no es una transición uniforme, sino de altibajos, se exige al cuerpo una movilización continua de los aspectos adaptativos y reactivos lo cual genera un fuerte dinamismo interior. Como la energía ambiental se incrementa progresivamente, la energía externa e interna se igualan en una fuerte activación que produce un estado de excitación-actividad. Es época de autoafirmación como individuos. Los inseguros y quienes toleran mal los aumentos energéticos se deprimen (colapsan).

         Es una estación expansiva, la vida aletargada se despierta, la tierra estéril invernal recobra la fertilidad con el agua de las nieves en fusión y las lluvias. El agua hace el vigor inspirando, activando, reiniciando, propiciando el placer por aumentar la vitalidad, la emotividad, y la consecuente satisfacción de su expresividad. En los contractivos y reprimidos asegura angustia, ansiedad y consecuente malestar.
         Es justamente este impulso de expansión desde el centro de los seres hacia el ambiente lo que genera “Naturaleza”, materia viva, representada por la exuberante explosión de vida vegetal en el brotar de yemas de flores y tallos, y el germinar de semillas; por ello se puede representar este aspecto con el término “madera” porque se inicia la creación de la misma. Yo prefiero el término “naturaleza” porque es más general y alude a la Madre Tierra

         El órgano asociado a esta activación es el hígado, que no solamente purifica los contenidos tóxicos del cuerpo conducidos por la sangre, sino todos los contaminantes emocionales ligados a tensiones emocionales (sentimientos, iras, cóleras, rencores, envidias, celos, etc.); y el órgano de la vesícula biliar que genera el componente enzimático “bilis” para emulsionar grasas haciéndolas digeribles.

         La radiación solar aumenta calentando el ambiente, permitiendo el resurgir de la vida, por ello desde el punto de vista exterior se asocia con el elemento fuego(Sol), su luz y el color rojo por el amanecer. Es la estación de la inspiración, la creatividad, la visión despierta y clara. Se asocia a la autenticidad, a la verdad del sí mismo, del Ser; que hace inviable la auto toxicidad por la nitidez de las emociones. Desde el punto de vista de la corriente vibratoria telúrica entra en nosotros la energía de la generación de vida, de naturaleza, de madera (representada por el color verde); la expresión propia de la expansión y manifestación de la propia vida.
         La aceptación y afirmación de nuestro vidente interior (verdad existencial) engendra y desarrolla la alegría de vivir (armonía entre ser y manifestarse) manifestado por el amor, propio del Sur; y si tal afirmación no se puede dar, el malestar da origen a la IRA, al enojo cuyo sentido es forzar su restauración. Si las condiciones negadoras son exteriores, la ira es contrarrestada por el desapego que disuelve las dependencias y cadenas de valores, creencias y expectativas. La ira, a su vez, contrarresta el amor, convirtiéndolo, si la situación se prolonga, en odio.


         El hígado se encarga de la eliminación de toxinas orgánicas y emocionales dejando lucir nuestra verdad personal física, emocional, psicológica y transpersonal.

        Del mismo modo que una emotividad construida de introyectos (creencias, acuerdos y expectativas) es tóxica para nuestro ser, una alimentación cargada de toxinas, alimentos fritos, grasas y exceso de alimentos produce malestar, irritabilidad e intolerancia que se manifiesta en enojos, broncas, mal humor y negatividad. A veces es la sobrecarga de trabajo del hígado lo que produce el malestar e ira. Resulta obvio que uno refuerza a lo otro en un círculo vicioso.

         La nota musical que alimenta este sistema de Fuego/Naturaleza es “LA”.

         En la época actual, el hígado ha de trabajar a plena capacidad, e incluso por encima de ella, para asimilar la ingente cantidad de información puesta a disposición del ser humano y para transformar las sustancias contaminantes. Sufrimos asimismo una intensa contaminación mental que el hígado trata de descomponer. El hígado, por ello, debe trabajar muy duro para equilibrar nuestros excesos.
         Podemos ayudar conscientemente al hígado en este proceso procurando completar en nosotros la relación entre sol y luna y entre los pies y el suelo que pisamos, y disolviendo las pautas de pensamiento y los hábitos que añaden nuevas tensiones al cuerpo físico. En todo este sentido, los temascales son poderosas herramientas.
         A veces el flujo biliar queda obstruido por un pensamiento de cólera que no se exterioriza. Debemos enviar energía sonora y luminosa al hígado. Ya he indicado que la nota “LA” es eficaz, pues puede disgregar los cálculos que obstruyen el conducto biliar.

         Finalmente este apartado lo completo agregando que el sabor asociado a esta estación es el “ácido” (limones, yogurt, tomates, vinagre y frutos ácidos). En pequeñas cantidades estimula la digestión y potencia los sabores de las comidas. Resulta refrescante comer alimentos ácidos, pero el exceso aumenta la sed y puede llevar a la retención de líquidos. Los ácidos estimulan las secreciones biliares, por lo que ayuda a digerir las grasas.
         El exceso de alimentos ácidos puede agravar las úlceras, la acidez estomacal, la acidez de la sangre (el cáncer está asociado a una acidez tisular entre otras cosas) y la irritación de  piel y mucosas.
         Hay que considerar también aquí la presencia del sabor “agrio” como una variante de lo ácido. Los sabores agrios ayudan al ingenio y el intento, pero su exceso puede “agriar el carácter”; produciendo resentimiento y envidia. Por lo demás los efectos son los mismos que los ácidos.

Los germinados

         La vitalidad del creciente día primaveral exige alimentos de energía ascendente y expansiva, tipo claramente “naturaleza”: las hojas verdes, los brotes, las flores y los germinados son muy adecuados para el hígado.

         Las piedras adecuadas a la estación  primaveral las podemos agrupar en dos grupos: Los amarillos asociados a la energía solar y al plexo solar (topacios, falso topacio, oro y jaspes de amarillo a rojo) que apoyan el influjo de la vibración solar reforzando el plexo solar; y desde el punto de vista interno las verdes (las turmalinas verdes, haciendo énfasis especial en la turmalina sandía por su efecto transmutador de la radioactividad, las esmeraldas, los cuarzos verdes, jades, etc.), por su efecto de apoyar la activa función del hígado en esta estación en la que su actividad, como hemos visto, es elevada.


         Si queremos renacer en nuestro ser el sentido espiritual de la vida, debemos empezar aplicarlo en nuestro hogar. Debemos empezar aplicar la medicina de la Sagrada Rueda Medicinal. Y la Primavera es un buen momento para iniciarlo, acompañando al joven dios sol adquiriendo poder a partir de equinoccio. El modo mejor de hacerlo es dejando asomar a nuestro niño interior y así jugando desde nuestro interior, involucramos a los niños en una conexión divertida y creativa con la Abuela y Madre Tierra representada por la propia rueda. Y cuando acudan a la escuela lo hablarán con sus colegas participándoles cómo lo han vivido. Y así se sentirán partícipes en cada sección del año de algo mucho más grande y trascendente que experimentan divirtiéndose, profundizando según su maduración y resultando más satisfactorio que muchas de las actividades de nuestros niños frente a la televisión inmersos en ficciones con actos continuos de violencia o en juegos de competición y guerra en ordenadores y otras consolas.
         Imaginemos a nuestros niños, jóvenes, adultos y ancianos creando y compartiendo en paz y alegría celebraciones alrededor de la Rueda Sagrada, sabiendo que todos ellos conforman la propia Rueda Medicinal Sagrada (los niños, el Norte; los jóvenes, el Este; los adultos, el Sur y los ancianos, el Oeste).

Primavera: La viveza del sol, el agua fluyente, la vida florece.
 Ernesto Cabeza Salamó

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